Sigo caminando tratando de encontrar alguna otra persona, algún sobreviviente, no pierdo la esperanza de que mi familia este viva en algún lugar, y que como yo estén buscando ayuda. Coches abandonados, algunos otros con las personas sin vida adentro, que paisaje tan oscuro y perturbador estoy presenciando, si no fuera por las visiones que he tenido desde niña no podría siquiera dar paso entre los cadáveres, sigo aguantando el dolor, el miedo. Escucho ladrar a un perro a lo lejos, sigo el sonido de los ladridos, llego a una camioneta, dentro de ella se encuentran dos personas en la parte delantera, conductor y acompañante sin vida, cristales incrustados en todo el rostro, heridas profundas en la cabeza y cuello, la parte delantera de la camioneta esta desecha y compactada por las bolas de fuego, en la parte posterior esta un perro enorme, un pastor alemán, trato de abrir la puerta para liberarlo pero no puedo, están trabadas, como la camioneta es estilo minivan se encuentra toda cerrada, tal vez por los seguros que los dueños habrían puesto, el perro deja de ladrar y solo me mira, se sienta en el sillón de la camioneta y baja la cabecita haciendo unos chillidos de tristeza, me parte el corazón, me siento tentada a romper las ventanas con los fierros que abundan en todas partes pero me detengo y pienso, si rompo la ventana el perro puede saltar y cortarse con los cristales rotos, voy a la parte de atrás de la camioneta a tratar de abrir la cajuela, el perro me sigue con la mirada y se pasa a la parte de atrás como si supiera que quiero liberarlo, trato de abrir la cajuela pero está atorada también, sigo tratando hasta que por fin logro abrirla, el perro sale como si tuviera prisa de huir, desapareciendo entre los escombros y ruinas de la calle. Una ráfaga de viento me envuelve entre las cenizas y polvo que se levanta del piso, solo puedo cerrar los ojos y cubrir mi cabeza con mis brazos para poder respirar. Pasa rápido, solo dura unos segundos, vuelvo a ver todo, las ráfagas de viento aclaran un poco el panorama, dejando ver la destrucción masiva que ha dejado este suceso.
A lo lejos adentrándome en la ciudad, se alcanza a percibir movimiento, al parecer hay más personas. Sigo el sendero poco visible que se percibe de entre las cenizas y calles desechas, tengo que escalar algunas veces las montañas de asfalto que se han formado por los impactos de las bolas de fuego, algunas todavía encendidas y humeantes. Los automóviles por todas partes, destruidos y guardando seres sin vida en ellos, se pueden ver por la calle miembros quemados y triturados por las explosiones, me da miedo dar el siguiente paso, la sangre, ceniza y aceites lo hacen extremadamente resbaloso, pero me sostengo de carrocerías, y de lo primero que vea a mi alcance entre tanto desastre. A lo lejos escucho gritar a un hombre, preguntando si hay sobrevivientes, rápido me subo a una camioneta que se encuentra más elevada que los demás automóviles, como puedo llego al techo y comienzo a hacer señas, y a gritar – Aquí estoy, aquí-. Veo que levanta la mirada y logra ubicarme, me bajo de la camioneta y me dirijo a donde se encuentra aquel hombre. De pronto entre los escombros escucho llorar a una niña, giro mi cabeza con rapidez tratando de seguir el sonido, el llanto proviene de un local que da a una avenida principal, es difícil moverse entre los carros, y pedazos todavía en llamas y humo, logro entrar al local, y debajo de una mesa, sentadita abrazando sus piernitas esta una pequeña como de 8 años, me acerco lentamente le pregunto si está bien, ella asienta con la cabeza y se limpia las lágrimas, estiro mi mano para que pueda salir, y mueve la cabeza de un lado a otro dándome la seña de que no quiere, le digo que todo va estar bien, que quiero ayudarla y llevarla con sus padres, con una expresión de tristeza, me dice que una bola de luz se llevo a sus padres y que ella se quedo sola, con un nudo en la garganta me agacho por debajo de la mesa y seco su carita mojada por tanto llorar, a pesar de tener toda su rostro lleno de polvo sus ojos resaltaban como dos esmeraldas, verdes y brillantes, volví a ofrecerle mi mano y le dije que yo la cuidaría ahora, primero me miro con duda pero unos segundos después tomo mi mano y se impulso para salir, se puso de pie y sin soltarme de la mano me dijo que le dolía su pie, me agache a revisárselo y tenía un leve raspón a la altura del tobillo, la tome en brazos y salí del local, cuando estaba por dirigirme donde había visto al hombre, de entre los coches salieron dos hombres más, uno corrío hacia nosotros y me pregunto si estábamos bien, respondí rápidamente que sí, que si sabía donde había más gente, y el bajo la mirada, el otro hombre se agarro la cabeza y la movió en señal de no saber nada. Fue entonces cuando me di cuenta que la lucha por sobrevivir sería dura. Caminamos por los escombros y nos encontramos con más sobrevivientes, ya éramos un grupo de al menos 20, algunos venían un poco heridos. Unos minutos después encontramos una señora ya grande que nos hacía señas desde una ventana, puse mis energías en tratar de entenderla, cuando un joven como de unos 15 años salió de la puerta del edificio, supuse que estaban pidiendo ayuda, así que me acerque a él, -Hola, ¿están bien?-, me dijo, -Si, es así somos algunos sobrevivientes estamos tratando de encontrar más, pero todo parece desolado, no hemos visto o escuchado a más gente-, respondí rápidamente. El joven nos invito a pasar a su casa, nos dijo que adentro se encontraban seis personas más, y estaban juntando alimentos y provisiones. Así que nos dirigimos con el joven hasta el tercer piso, donde se encontraban varios departamentos abiertos y adecuados para poder recostar a los heridos, así que guiados por la señora de la ventana y el joven, nos instalamos y descansamos un poco. Mi mente no dejaba de preguntarse ¿si lo que estaba viviendo era real?, veo toda la gente a mi alrededor, miedo, incertidumbre, desesperación, sentimientos encontrados en cada una de las almas presentes, no creo que ninguno de estas personas haya ni siquiera imaginarse alguna vez lo que iba a vivir, lo que iban a presenciar, el fin de todo.
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